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Efemérides


Asesinato del maderista Abraham González

07 de mayo de 2026

El 7 de marzo de 1913, el silencio sepulcral de la noche en la estación ferroviaria de Mápula fue desgarrado por las descargas de fusilería. Aquellos disparos no solo terminaron con la vida de Abraham González Casavantes; marcaron el intento del régimen usurpador de Victoriano Huerta por decapitar moral e intelectualmente al maderismo en el norte del país. Con su ejecución, Chihuahua perdía a su gobernador, pero la Revolución ganaba a uno de sus mártires más íntegros.
El estratega de la justicia social
Abraham González fue mucho más que un funcionario público. Fue el mentor que tuvo la agudeza de identificar en un joven y proscrito Pancho Villa el potencial guerrero necesario para transformar el destino de México. Como Secretario de Gobernación y mandatario estatal, González impulsó una agenda vanguardista que sacudió las estructuras del viejo régimen: combatió los privilegios de los grandes latifundios mediante la justicia fiscal y dignificó la vida de los obreros al prohibir las infames tiendas de raya.
Crónica de una traición anunciada
Tras el sangriento cuartelazo de la Decena Trágica, González fue aprehendido en el Palacio de Gobierno por huestes huertistas. Bajo el engaño de que sería trasladado a la Ciudad de México para enfrentar un juicio justo, fue obligado a abordar un tren bajo la custodia del teniente coronel Benjamín Camarena.
Sin embargo, el destino no era la capital. A unos 40 kilómetros de la ciudad de Chihuahua, en el desolado paraje de Bachimba, González fue bajado del vagón y ejecutado sumariamente. El huertismo intentó ocultar el crimen bajo la cínica narrativa de un "intento de fuga", una táctica recurrente para eliminar a las mentes más brillantes de la oposición.
El hallazgo en el desierto
El paradero de sus restos permaneció en la incertidumbre durante meses, alimentando el dolor y la indignación popular. El velo del misterio comenzó a correrse el 8 de julio de 1913, cuando Esteban Alarcón, un sirviente de la hacienda de Mápula, tropezó con restos humanos cerca de las vías del Ferrocarril Central. Los rumores sobre el asesinato del gobernador guiaron su sospecha.
Al lugar acudió el mayor Agustín Lavanzat, quien localizó un esqueleto incompleto con restos de vestimenta y objetos personales que confirmaron la tragedia: se trataba de don Abraham. Por seguridad, los restos fueron inhumados nuevamente a mayor profundidad, quedando a la espera de un tiempo de justicia.
El regreso triunfal y la lealtad de Villa
Esa justicia llegó el 8 de diciembre de 1913, cuando las Fuerzas Constitucionalistas tomaron Chihuahua. Francisco Villa, investido como gobernador provisional, estableció como una prioridad absoluta el rescate de su mentor. En un acto de profunda lealtad personal y política, Villa comisionó la exhumación y traslado de los restos hacia Estación Horcasitas.
Finalmente, el 25 de febrero de 1914, el general Villa arribó en un tren especial a Horcasitas. Acompañado por su estado mayor y oficiales de la División del Norte, recibió la urna blanca que custodiaba las reliquias de González. El regreso a la capital no fue el de un preso, sino el de un héroe, recibido con los máximos honores militares y civiles.
Un legado inmarcesible
Hoy, a más de un siglo de aquel crimen, la figura de Abraham González permanece como el símbolo de la lealtad inquebrantable a los principios democráticos. Su ejecución, lejos de asfixiar la causa revolucionaria, se convirtió en la llama que incendió la indignación nacional, acelerando la caída de la dictadura. Su sacrificio recuerda que las ideas de justicia social son, a diferencia de los hombres, imposibles de fusilar.

Por: Mtro. Edgar H. Gutiérrez Gardea
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Es derrotado en Puebla el ejército francés por los republicanos al mando del general Zaragoza

05 de mayo de 2026

5 de Mayo de 1862
A las cuatro de la mañana, Zaragoza lanza una proclama a sus soldados: “Hoy vais a pelear por un objeto sagrado: vais a pelear por la Patria… Nuestros enemigos son los primeros soldados del mundo; pero vosotros sois los primeros hijos de México y os quieren arrebatar vuestra Patria. Soldados: leo en vuestra frente la victoria”... E inicia la colocación de sus tropas: Hace guarnecer la plaza con 800 hombres, una batería de batalla y dos de montaña; los cerros de Guadalupe y Loreto con 1100 hombres y dos baterías; y forma el resto de 3 550 hombres en cuatro columnas con una batería de batalla, tres de infantería y una de caballería. Espera librar “una acción campal” al oriente de la población, atrayendo al enemigo al punto escogido por medio de un Cuerpo de infantería dotado con dos piezas de campaña.
El ejército mexicano había llegado a Puebla el 3 de mayo, aunque Zaragoza consideraba que el combate sería hasta el día 6 de mayo. Narra Porfirio Díaz que en la noche del día 4 y teniendo noticia del inminente ataque, Zaragoza había reunido a sus oficiales y les había dicho que "era muy vergonzoso que un pequeñísimo Cuerpo de tropas, que para la Nación podría tener la importancia de una patrulla, llegara a la Capital de la República sin encontrar la resistencia…que si no llegábamos a alcanzar una victoria, cosa muy difícil, aspiración poco lógica, supuesta nuestra desventaja en armamento y casi en todo género de condiciones militares, a lo menos procuráramos causarle algunos estragos al enemigo,…así el Gobierno y la Nación contarían con el tiempo necesario para preparar la defensa del país; pues que teniendo el enemigo muchas bajas y mucho consumo y deterioro en sus materiales, se vería obligado a estacionarse en Puebla”.